Llevábamos meses hablando de ello. Tanto, que llegó un momento en que el 12 de agosto dejó de ser una fecha en el calendario para convertirse en una especie de horizonte al que todo el pueblo miraba de reojo y con cierta preocupación por el temor a una avalancha de visitantes imposible de gestionar en un pueblo tan pequeño. Hemos tenido la suerte de que Riaguas de San Bartolomé, al igual que gran parte de los municipios de la provincia, ha estado en plena franja de totalidad del eclipse de sol, y eso, en un pueblo del nordeste de Segovia, no es algo que pase todos los veranos. Ni cada cien años.

Empezamos por la mañana con una charla sobre qué son los eclipses, a cargo de los amigos de la Asociación Hespérides de Astronomía. Podría haber sido un trámite, y no lo fue. Nos explicaron de una manera muy didáctica por qué se producen, en qué se diferencia un eclipse parcial de uno total, y esa casualidad extraordinaria por la que el Sol y la Luna se ven casi del mismo tamaño desde la Tierra. Salimos de allí sabiendo qué íbamos a ver y, sobre todo, cuándo mirar y cómo hacerlo sin dejarnos la vista por el camino.

A media mañana realizamos actividades para los niños y sacamos los telescopios a la calle, donde vecinos y visitantes pudieron acercarse a observar el Sol en directo. Manchas solares y protuberancias se contemplaron durante un buen rato, con las personas de Hespérides resolviendo dudas. Fue, para muchos, la primera vez que miraban el Sol a través de un telescopio.

Al mediodía tocó comer. Doscientas personas. Se dice pronto, pero quien haya organizado algo así en un pueblo pequeño sabe todo el trabajo que hay detrás: semanas de preparación, cuentas, mesas prestadas, personas levantándose muy temprano y otras recogiendo cuando todo el mundo se ha ido.

Ya por la tarde, la observación del eclipse se trasladó a la explanada de Bercial, elegida por su horizonte despejado y por su capacidad para acoger cómodamente a un grupo numeroso. Allí, con los telescopios de la asociación montados y las gafas de observación repartidas, todos seguimos el avance del fenómeno atentos a las explicaciones que nos iban dando durante la hora que duró la parcialidad.  El descenso de la luz, la caída de la temperatura, el silencio repentino de los pájaros y la aparición de la corona solar dejaron el efecto que solo un eclipse total consigue producir. Lo que tentas veces nos habían explicado, por fin pudimos verlo y sentirlo.

Y ahí no acabó el día. Esa misma noche, desde el mismo cielo despejado que había hecho posible ver la corona solar, empezaron a caer las primeras Perseidas del año. En Riaguas cerramos el día mirando, otra vez, hacia arriba: una lluvia de estrellas como epílogo natural de una jornada que empezó explicando qué es la luz y terminó contándola, una a una, cruzando el cielo.

El observatorio de Riaguas, ante una nueva etapa

La cita del 12 de agosto no ha sido, sin embargo, un punto final tras meses de trabajo desinteresado de muchas personas, sino el arranque de un proyecto de mayor alcance. En Riaguas contamos con un observatorio astronómico que en la actualidad se encuentra en fase de acondicionamiento, tanto el edificio como la actualización de equipos, con el objetivo de hacer las visitas más cómodas y enriquecedoras para el visitante. En colaboración con la Asociación Hespérides, la intención es dar un nuevo impulso a esta instalación y convertirla en un recurso abierto y estable, capaz de acercar la astronomía a todas las personas interesadas en ella, sean profesionales con experiencia o simples aficionados. El eclipse ha demostrado que el interés existe; ahora toca darle continuidad durante el resto del año.

 

Fernando Pérez Peña

Alcalde de Riaguas de San Bartolomé